Tapachula, Chis. Migrantes de la caravana autodenominada “David” cumplieron este lunes dos semanas de caminata por la costa de Chiapas desde su salida de la frontera con Guatemala en busca de avanzar al centro y norte de México.
Los extranjeros, en su mayoría haitianos, están exhaustos, con lesiones en pies y enfermos, ya no quieren seguir la travesía caminando por lo que pidieron al gobierno federal les otorgue algún documento de tránsito para poder abordar autobuses y continuar hacia su destino.
Algunos quieren llegar a Ciudad de México, otros a Monterrey o Guadalajara, u otras ciudades donde puedan encontrar mejores condiciones de empleo mientras siguen sus procesos de regularización para tener una legal estancia en el país.
A diferencia de éxodos de años anteriores, ahora no persiguen el sueño americano tras la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos y el endurecimiento de las políticas contra los migrantes.
“No podemos seguir a pie, queremos tener un permiso de libre circulación”, dijo vía telefónica y en el poco español que habla uno de los haitianos, cuyo principal idioma es el francés o criolle.
El contingente que partió con cerca de un millar de personas se ha reducido a unos 600 integrantes. El sábado llegaron al municipio de Tonalá, a 230 kilómetros de Tapachula, de donde salieron la noche del pasado 20 de abril.“
De aquí no podemos seguir caminando porque estamos muy cansados con dolores corporales, fiebre, gripe, etc. No tenemos plata para comprar, nuestra plata está terminada”, agregó el caribeño.
Añadió que hasta ahora las autoridades migratorias no les han dado respuesta a la petición del salvoconducto para seguir en autobuses, pero confía en que puedan resolver el planteamiento.
Durante su trayecto, el contingente ha sido acompañado por agentes del Instituto Nacional de Migración y del Grupo Beta, así como la escolta de policías estatales y la Guardia Nacional, entre otros.
La caravana migrante autodenominada “David”, la segunda de este año, partió de Tapachula con el argumento de que llevan meses varados sin respuesta a trámites de regularización y sin empleos con los que puedan costear el pago de alquiler y alimentos.
En marzo pasado otro grupo intentó el mismo objetivo pero fueron desintegrados por el Instituto Nacional de Migración que los trasladó a ciudades como Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, y Villahermosa, Tabasco, aún en el sur de México.
También han denunciado padecer abusos y discriminaciones, además de ser víctimas de la delincuencia, entre otros problemas.