TRAS BAMBALINAS
Por César Solís
En el papel todo suena bien. En los discursos también. Pero cuando se aterriza en la realidad cotidiana de los hospitales públicos, la historia es otra muy distinta. Y en materia de salud, la distancia entre la propaganda oficial y la vida de la gente suele medirse en dolor, angustia y desesperación.
Derechohabientes del Instituto Mexicano del Seguro Social que acuden a la unidad IMSS Nueva Frontera en Tapachula siguen alzando la voz. La denuncia es clara: la ausencia de médicos especialistas en áreas fundamentales como neumología, neurología, coloproctología, y terapia intensiva está dejando a pacientes, muchos de ellos crónicos y adultos mayores, prácticamente a la deriva.
La situación resulta preocupante porque, mientras desde la dirección general del IMSS que encabeza Zoé Robledo se ha presumido con bombo y platillo el famoso “draft” de contratación de especialistas, en la práctica ese fichaje todavía no se refleja en hospitales como el de Nueva Frontera. En otras palabras, lo que se anuncia como avance en la Ciudad de México aún no aterriza en los pasillos donde los pacientes esperan una consulta que muchas veces nunca llega.
De acuerdo con testimonios de los propios derechohabientes, la falta de especialistas ha provocado retrasos en citas médicas e incluso la posibilidad de que algunos pacientes sean referidos hasta la Ciudad de México para continuar sus tratamientos. Para una persona con recursos limitados, o para un adulto mayor, esa opción no es un trámite médico: es prácticamente una sentencia de abandono institucional.
Algunos pacientes que acudían regularmente por problemas pulmonares o bronquiales se toparon con una noticia inesperada: el especialista que los atendía ya no se encuentra laborando en la institución. Así, de un día para otro, los tratamientos quedan en el aire.
Otros casos son igual de delicados. Una derechohabiente de la tercera edad relató que llevaba seguimiento en el área de coloproctología, pero sus citas se han suspendido por la simple y llana razón de que no hay médico especialista que la atienda. Para ella como para muchos, trasladarse a consulta implica esfuerzo físico, gasto económico y desgaste emocional.
Y aun así, cuando llegan al hospital, la respuesta es la misma: no hay especialista.
Ante este panorama, los propios derechohabientes han solicitado a las autoridades del IMSS que se investigue lo que está ocurriendo y, sobre todo, que se agilice la contratación de médicos que garanticen la atención que por derecho les corresponde.
Pero el problema no termina ahí.
A esta crisis se suma el despido de algunos profesionales de la salud que actualmente están siendo investigados por presunto robo contra la institución. Un asunto delicado que, hasta ahora, se mueve entre rumores y silencio oficial. Ni el director de la unidad Nueva Frontera, Diego Choel, ni el delegado del IMSS en Chiapas, Hermilo Domínguez Zárate han ofrecido una explicación clara sobre lo que realmente ocurre al interior del hospital.
Y aquí conviene decirlo sin rodeos: si hubo robo, que se investigue a fondo y que los responsables enfrenten la ley. Pero si las destituciones obedecen a decisiones arbitrarias o caprichos administrativos, entonces el daño termina recayendo como siempre en los derechohabientes.
Porque cada especialista que desaparece de la plantilla médica se traduce en citas canceladas, tratamientos suspendidos y diagnósticos que se retrasan.
En medio de todo esto, la población chiapaneca sigue enfrentando la dura realidad de un sistema de salud que alguna vez fue prometido por el expresidente Andrés Manuel López Obrador como uno que sería “igual o mejor que el de Dinamarca”. La frase quedó grabada en la memoria colectiva. La realidad, en cambio, se siente muy distinta en las salas de espera.
En el IMSS Chiapas se necesitan directivos comprometidos, gestores capaces y administradores que entiendan que la salud pública no puede manejarse con improvisación ni con cuotas políticas. Porque da la impresión de que, una vez más, en puestos estratégicos terminan llegando personajes respaldados por padrinazgos políticos o por grupos de poder dentro del propio sector médico.
Y cuando eso ocurre, el que paga las consecuencias no es el funcionario… es el paciente.
REFLECTORES
En los últimos días han comenzado a circular los famosos “campos pagados” y las encuestas milagro. Esas mediciones hechas a modo que intentan construir candidaturas antes de tiempo y venderle a la ciudadanía la idea de que ya llegaron los salvadores de la patria.
Suchiate, Huehuetán, Tapachula y Mazatán empiezan a ver desfilar a personajes que, de la noche a la mañana, aseguran tener el corazón noble, las manos limpias y la promesa de que jamás tocarán un peso del erario.
Algunos son perfectos desconocidos. Otros simplemente vuelven a aparecer cuando huelen el aroma del presupuesto.
No vale la pena mencionar nombres. Usted, estimado lector, sabe perfectamente quiénes son esos falsos profetas que en temporada política aparecen con sonrisa amplia… y una despensa bajo el brazo.
Nos leemos en la próxima. Hágame llegar su denuncia o comentario.
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