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SUCHIATE, CHIAPAS.— La necesidad y el anhelo de un futuro mejor no entienden de fronteras ni de políticas migratorias restrictivas. Este jueves, una nueva caravana de aproximadamente 300 personas procedente de Honduras cruzó el río Suchiate para ingresar a territorio mexicano, con la firme intención de avanzar hacia los Estados Unidos. A la travesía se han sumado en el camino personas procedentes de Guatemala y El Salvador, integrando un éxodo heterogéneo pero impulsado por una misma urgencia.
Entre los integrantes del contingente viaja un joven albañil de 25 años, quien tras haber sido deportado meses atrás luego de residir una década en la Unión Americana, decidió emprender de nuevo el viaje al enterarse de la convocatoria en los medios. Su meta es clara: reencontrarse con su padre y sus hermanos, radicados en Texas. Pese al endurecimiento de los controles en la región, la determinación de quienes marchan se resume en una convicción compartida: “El que no arriesga no gana; en esta vida te mueres arriesgando o sin arriesgar, así que hay que jugársela todo por un futuro”.
Tras cruzar el límite fronterizo, el grupo inició su marcha por la carretera internacional con destino a Tapachula, el principal epicentro de la crisis migratoria en el sur de México. Allí, miles de personas llevan meses varadas a la espera de una resolución a sus trámites de asilo ante la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR).
De acuerdo con estimaciones de organizaciones no gubernamentales, en la zona fronteriza conviven más de 60,000 personas en condiciones altamente precarias. La llegada de este nuevo contingente representa para muchos de los que ya se encuentran en la ciudad una oportunidad para unirse a la marcha y emprender, en grupo, el camino hacia el norte.

