● Las grandes obras no generan desarrollo por sí solas si el territorio no cuenta con el talento capaz de convertirlas en productividad: Tecnológico de México
Oaxaca de Juárez / Tapachula, Chiapas, octubre 2026.- El pasado 28 de septiembre, en el marco de la firma del acuerdo entre el Corredor Interoceánico y el Tecnológico Nacional de México (TecNM), a la que también fueron invitados los campus de Tuxtla Gutiérrez y Tapachula, la presidenta nacional de Canacintra, doctora María Lourdes Medina Ortega, planteó con claridad que México no solamente necesita nuevas inversiones, plantas e infraestructura: necesita formar desde ahora a las personas que requerirán las empresas del futuro.
Y en esa definición aparece una coincidencia que merece atención en Chiapas.
Desde el Tecnológico Nacional de México, campus Tapachula, el ingeniero Carlos Díaz Saldaña ha participado en espacios de vinculación entre academia, sector productivo e infraestructura. Su planteamiento rebasa las aulas: cómo preparar a los jóvenes para la economía que está llegando al sur-sureste.



La intervención de Medina Ortega apuntó precisamente hacia allá.
Automatización, inteligencia artificial, digitalización, robótica, transición energética, nuevas cadenas de suministro y economía circular ya no son conceptos reservados para las grandes ciudades industriales. Son parte del escenario que tendrán que enfrentar las nuevas generaciones de profesionistas.
La presidenta de Canacintra también habló del Corredor Interoceánico como algo mucho más grande que una vía ferroviaria: una plataforma capaz de conectar puertos, logística, industria y mercados, incluyendo Puerto Chiapas dentro de esa visión regional.
Que el acuerdo entre el Corredor Interoceánico y el TecNM haya convocado a los campus de Tuxtla Gutiérrez y Tapachula confirma que Chiapas está en el mapa de esa estrategia.
Para Tapachula, la pregunta es inevitable: ¿quiénes estarán preparados para aprovechar esa transformación?
La respuesta no está únicamente en los grandes proyectos. Está también en las universidades, los institutos tecnológicos, las empresas y en la capacidad de vincular conocimiento con necesidades reales.
Ese ha sido uno de los puntos recurrentes en la agenda de Díaz Saldaña: infraestructura, logística, productividad, educación tecnológica y desarrollo regional vistos como partes de una misma ecuación.
Y hay un dato todavía más humano. Si una región forma ingenieros, técnicos y especialistas para después obligarlos a emigrar porque no existen oportunidades, el territorio termina financiando talento para otros mercados.
“El verdadero desarrollo ocurre cuando un joven puede estudiar, especializarse y construir su proyecto profesional en la misma región que lo vio crecer”, afirmó Díaz Saldaña.